jueves, 19 de febrero de 2009

Las Pinturas Negras



Pocas veces se repara en la particularidad de estas pinturas. En la actualidad estamos acostumbrados a ver todo tipo de lenguajes plásticos ajenos a la representación realista de la realidad. Si recorremos cualquier feria de arte contemporáneo, la mayor parte de las obras que veremos serán por completo ajenas al lenguaje realista representativo. Sin embargo no era así en 1820 cuando Goya inicia la composición de sus murales de la Quinta del Sordo. Él mismo había dedicado todos sus esfuerzos profesionales, durante más de cincuenta años, a lograr la maestría absoluta en el arte de la representación pictórica de la realidad. Y además había obtenido unos logros pocas veces alcanzados por otros artistas. Paralelamente a su carrera oficial, y a los encargos que recibía, había desarrollado también, desde que quedara sordo tras la grave enfermedad que padeció en 1792-93, una actividad artística centrada principalmente en los contenidos de su imaginación. Es decir en los contenidos de lo que hoy definiríamos como la parte inconsciente de su psique. Estos contenidos habían llegado a obsesionarle de tal manera, en la época posterior a la Guerra de Independencia, que en un momento dado decidió enfrentarse a ellos, inundando con sus imágenes las paredes de las dos salas principales de la finca que se había comprado a las afueras de Madrid. Es muy probable por tanto, que la intención principal de Goya al comprar la Quinta del Sordo fuera precisamente la de encerrarse en ella con los contenidos de su imaginación, para poder así encontrar un sentido a aquel torrente de imágenes que debía de resultar para el viejo pintor un verdadero enigma, enraizado con sus conflictos más personales. Sin embargo cuando se enfrenta a esa tarea, lo que en realidad termina haciendo es plasmar la formalización de las energías más arraigadas en su inconsciente y que pugnaban por aflorar de alguna manera a la conciencia. La plasmación de esas energías no era posible por medio de un lenguaje que definiera las formas con precisión, y así el viejo maestro se encontró emborronando las paredes de su casa con unas manchas que terminaban definiendo unas extrañas imágenes, a mitad de camino entre la representación realista y la difusa ensoñación a través de la mancha y el color. Había descubierto el lenguaje expresionista, adelantándose en más de ochenta años a la evolución del arte de su tiempo. Como veremos en otra ocasión el contenido de esas imágenes, cuando se analizan desde el punto de vista simbólico, revela todos los estadios que los psicólogos del siglo XX, detectaron como característicos de las diversas etapas de todo auténtico proceso creativo.Ver “Goya y las Pinturas Negras desde la psicología de Jung”. Editores Asociados. Madrid 2008.

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